• El templo de Santo Domingo se yergue imponente en el corazón de la capital oaxaqueña.

El incesante tiempo no le hace mella; al contrario, agranda su inigualable historia. Santos barrocos, parecen dispersar letanías en su interior. La arquitectura es enajenante; todo el complejo es identidad; finalmente, forma parte de la cultura de todo el mundo. Quienes se paran en el frontispicio del majestuoso edificio y miran hacia el oeste, pueden ver a la distancia el cerro del fortín y el auditorio Guelaguetza, en donde, este séptimo mes del año se agradece lo que los dioses ofrendaron, el ser y el estar, se recuerda a la muerte; se narran todo el tiempo secuencias vivenciales de sus naciones originarias. La celebración invita a los visitantes a unirse a una profusa procesión de formas, colores y sonidos que inundan a la ciudad de innumerables historias que confluyen en la pasión impresa en sus fiestas y tradiciones.

En los lunes de Guelaguetza, los asistentes a la celebración, son capaces de medir la alegría con los vigorosos desplantes de sus danzantes. Con Jarabes, sones y chilenas todo es atractivo, aún con desfases estéticos, se puede palpar desde la consciencia de la memoria histórica oaxaqueña.

OAXACA es capital cultural de México. En este mes de julio huele a Guelaguetza, la fiesta se respira por sus calles que asemejan catedrales de voces y campanarios en lengua natura. Es un placer muy simple, sin complejos que embriaga los sentidos. Su música desborda en la rotonda de las azucenas la invisibilidad de los espíritus que la inspiraron.

Es placentero que OAXACA viaje por el mundo; pero lo es más que, el mundo visite OAXACA. Aquí se puede convivir sin importar el color de piel, la lengua, las ideas… los sentidos. En esta celebración, llama a visitarla. Aquí se puede ver lo que difícilmente se podrá en otros lugares del planeta. No requiere reseñas previas, todo se cuenta con detalle cuando se está ahí, al momento mismo de abrir los ojos para ver al perro bailarín, al decidor de historias, al mono de calenda y, a quien se empapa las entrañas con su
aromático mezcal.

Ciudad viva, llena de postales entrañables para visiones propias y extrañas. Es un lugar majestuoso muy a pesar de los terribles terremotos que hace dos años la lastimaron. La tierra la movió vigorosamente; oaxaqueñas y oaxaqueñas la mantuvieron de pie. Todo ello confirma que OAXACA es vida, es piel que protege las esperanzas de un pueblo; va a ser siempre intención de sorprender a locales y visitantes. Hurgar en su milenaria historia es reproducir artísticamente el pasado, lleno de formas rutilantes que exigen escribir su nombre con negrillas y letras mayúsculas.

Este 22 y 29 de julio, haz vibrar tus sentidos con la pasión que oaxaqueñas y oaxaqueños le imprimen a sus festividades.

¡Ven a la Guelaguetza! ¡Ven a OAXACA!
Tuíter: @santiagooctavio